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Somos amazónicos por naturaleza no por cultura

Escrito por Carlos Hernán Castro Almario on . Posted in Noticias Orito

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Desde el siglo XVI y acentuándose en los siglos XIX y XX a la región ha llegado gente con otras culturas de poblamiento, producción y relacionamiento muy distintas de las amazónicas...

La vida en la cuenca del río Amazonas (el más caudaloso del mundo) depende en gran parte del aporte en nutrientes y minerales que le hacen nuestros ríos de aguas blancas (por su color barroso) como el Putumayo y el Caquetá.

Estos ríos al nacer ó surcar los suelos de la parte alta del departamento sirven de vehículo para llevar hasta el río Amazonas los sedimentos ricos en materia orgánica y minerales, que son arrancados por la lluvia de las capas más jóvenes de las montañas. Estos sedimentos durante todo su recorrido hasta llegar al mar sirven como comida a peces y abono para la vegetación de las islas y las vegas que se forman en toda la cuenca amazónica, las cuales a su vez sirven de hábitat y alimento a miles de especies animales más, incluida la de los humanos.

Por otra parte, el comportamiento de las lluvias que irrigan toda la cuenca amazónica tiene lugar en nuestra región, ya que en la misma se juntan la planicie amazónica con la falda andina, pasando en un trayecto de solo 60 kilómetros aproximadamente, de 50 metros hasta alturas de paramo de más de 3.500 metros sobre el nivel del mar.

Eso convierte a nuestra región en una especie de tapón natural en donde se contienen todos los vientos Alisios que desde el Brasil traen la humedad de la cuenca amazónica, mucha de ella aportada por la evapotranspiración de los árboles, la brisa marina del océano Atlántico y el frío del Polo Sur.

Toda esa humedad contenida se precipita en forma de lluvia, cae sobre nuestro piedemonte aportando inmensas cantidades de agua a los ríos tributarios del Amazonas, los cuales a su vez inundan enormes extensiones de tierras en la selva amazónica formando las lagunas ó cochas, en donde tiene lugar el nacimiento y el refugio de miles de las especies animales y vegetales que enriquecen la selva amazónica.

Lo anterior hace que nuestra región por sus especiales características ecológicas de piedemonte, sea el reservorio de una de las mayores biodiversidades del mundo, con unas características únicas en sus suelos y sus cauces de alta amazonia.

Esta característica natural fue comprendida con gran claridad por los pueblos originarios que habitaron la amazonia y de los cuales quedan algunos descendientes que conservan en alguna medida este conocimiento milenario, pero desafortunadamente dicho conocimiento se está perdiendo cada vez más porque desde el siglo XVI y acentuándose en los siglos XIX y XX a la región ha llegado gente con otras culturas de poblamiento, producción y relacionamiento muy distintas de las amazónicas, produciendo fenómenos de extracción, deforestación, contaminación y deterioro del entorno natural con una gravedad tal que hoy amenaza a miles de especies con su extinción y a toda la dinámica ecológica de la gran cuenca amazónica.

El reconocimiento de dicha situación (somos amazónicos por naturaleza y no por cultura), puede servir como punto de partida para que las sociedades del Putumayo consideremos la necesidad de fortalecer nuestra cultura cotidiana con la inclusión en la misma de mayores conocimientos, saberes, sentimientos, valores, principios y prácticas acordes a lo amazónico de nuestra condición, para que desde allí podamos hacer una reconversión de nuestras prácticas productivas, de poblamiento, de relación consigo mismos, con el otro ó la otra y con el entorno natural.

Este trabajo es prioritario iniciarlo con los niños, las niñas, los y las adolescentes en medio de su proceso de formación, lo cual implicará necesariamente la consideración del entorno y su oferta natural como elementos didácticos que posibiliten una pedagogía del investigar, actuar y participar.

En ese sentido el diseño de la infraestructura y la dotación que se haga para el desarrollo del proceso educativo de niños, niñas y adolescentes, debe considerar la necesidad de involucrar las formas y las dinámicas de la oferta del medio natural y cultural tradicional que tiene la región del piedemonte andino – amazónico.

En consecuencia, la vía, la casa, la escuela, el colegio, el transporte, el espacio público, los equipamientos colectivos, el ornato público, la vivienda, las actividades culturales y recreativas deben estar diseñadas y construidas de tal manera que su uso, percepción e interpretación dejen un saldo pedagógico ambiental amazónico, es decir, ellas por si mismas nos deben permitir aprender lo amazónicos que somos.